martes, junio 10, 2008

Papel


Miró el papel. El número estaba allí, sugerente. Las líneas, rectas, escritas a mano. No le gustaban los ordenadores, daban un aire muy... impersonal. Él quería que lo contrataran por ser persona, no por ser otro sujeto mecanizado. Miró una vez más el papel. "Chico responsable se ofrece para trabajar con personas mayores, mañanas y tardes. Hago tareas del hogar y cuido niños también. Experiencia. Interesados llamar al 6XX XX XX XX". No había quedado exáctamente perfecto, pero algo era algo. Le gustaban las personas. Se sentía muy unido a su abuela y a su sobrinita de cuatro años, además. Sonrío; aquellas dos solían ponerse de acuerdo para echarle la bronca. Después de presionar el celo un poco más, caminó calle abajo.
Habían pasado dos semanas desde que colocara el primer cartel. Había puesto otros, en otro puntos de la ciudad, y aún así solo había recibido tres llamadas. Una para una tal Eugenia; la mujer del otro lado se mostró muy preocupada al descubrir que era un chico de veinticinco años en vez de su amiga de cincuentaitrés. La segunda, de un gilipollas que estaba tajado, a las tres de la mañana. Casi con curiosidad, había estado escuchando al beodo en cuestión; no paraba de decirle que era un mariquita y un calzonazos, que seguro que le gustaba follarse a las viejas a las que cuidaba. Todo mucho menos claro y con unas eses más largas, pero eso fue lo que vino a decir. La tercera fue la vencida. Una chica lo llamó para ver si podía cuidar de su abuelita.
Así que allí estaba él, vestido de punta en blanco, nervioso y sonriendo como un niño con zapatos nuevos. Bueno, como un niño con la Xbox y el Blue Dragon. Mirando el papelito donde había apuntado la dirección con su letra pulcra y diminuta se encaminó hacia su nuevo trabajo. No estaba lejos de su propia casa, ni siquiera tendría que cojer el coche. Aún quedaba por averiguar que días trabajaría y que días no, pero eso era lo de menos: tenía un trabajo cuidando gente, su especialidad. Al poco, llamó con cierto nerviosismo al portero automático, y la misma voz que le había llamado por teléfono le invitó a subir.
Cuando entró al portal y subió por las escaleras casi cayó por las mismas, de pura inseguridad. Su corazón latía con fuerza, le sudaban las manos. Al llegar a la puerta, una chica rolliza de pelo negro le sonrió desde la puerta. Era guapa, tenía los ojos de un azul profundo, y una sonrisa encantadora. Se hizo a un lado y dejo que entrara en un pasillo lleno de cuadros. El suelo estaba amoquetado y cada paso se veía ahogado además por una alfombra que le absorvía los pies. En la casa no se oía ningún ruido, la chica de echo, sólo le había dicho un tímido y tenue "pasa, por favor". Sonrío. Aquella casa le daba buenas vibraciones. Aunque en lo más profundo de su ser, notó... bueno, un escalofrío. Pero la calidez de la chica se impuso. Le guió por un pasillo serpenteante y abrió una puerta. Sonrió más profundamente y le dejó pasar. Después, cerró la puerta.
-Bien-dijo-. Ésta es Eulalia, mi abuelita. Abuelita, éste es Marcos. Te va a cuidar a partir de ahora.
-Pero...
-Bueno, sé que os llevaréis bien.
-Pero... pero...
-Es un poco cascarrabias, pero hace todo lo que la mandan al final, ¿verdad abu?
-Pero...
-Bueno, yo me voy. Hasta las ocho no volveré. Cierro la puerta con llave, si necesitas algo... Bueno, espero que no. aquí no hay cobertura, y los teléfonos están... averiados, eso es.
-...
-Así me gusta. ¡Y tú! ¡Pórtate bien con Marcos! Más vale que lo hagas, porque me diga algo malo...-bajó la voz-. Te enteras, y esta vez en serio.
Cerró la puerta tras de sí. Un poco más tarde, se oyó el clack del que cierra y da dos vueltas con la llave. Marcos se arrimó a la puerta, sentado en el suelo con las manos en la cara. Lloraba. La anciana, Eulalia, estaba sentada en la cama. Eso no hubiese tenido nada de raro sino hubiese estado con el torax abierto, las vísceras desparramadas, las costillas sacadas. Los ojos, abiertos de par en par, tenían restos de lágrimas. Él siguió llorando. al fin y al cabo, no se había despedido ni de su sobrina ni de su abuela.

Etiquetas:

jueves, mayo 22, 2008

Pum - Pum

¿No lo oyes? Tienes que estar oyéndolo. No puedo ser la única. No puedo, porque eso significaría que se me ha ido la cabeza del todo. Y no estoy loca. No tan loca. Pum - Pum. Es como un corazón; late. Maldita sea, despierta. Está ahí, golpeándose contra tu pecho. Es una pelotita de amargura, desazón y algo de desesperanza. Pum – Pum.

Sabes que es similar a la del resto de la humanidad. Pero eso no te consuela, claro. ¿De verdad no lo oyes? No sé, yo lo oigo retumbar desde aquí. Y eso que sé que intentas guardarlo bajo capas y capas de realidades alternativas en las que no te importa. Bueno, si no quieres darte cuenta, tú sabrás. Pero algo tienes que hacer, me está martilleando el cerebro. Pum – Pum.

Está consiguiendo apagar otros sonidos más sutiles y más bonitos. Sin ir más lejos, a lo que se asemeja: los latidos de tu corazón se están ahogando entre tanto ruido doloroso de duda y pena. Y créeme, si sigues así va a ir a peor. Y a peor. Y a peor. Llegará un momento en que paralizará tu corazón, lo cubrirá de hielo y empezará a trepar por tu garganta, hasta que atragante tus risas y congele hasta tus muecas. Pum – Pum.

Y no, no me da la gana. No ya por ti, ahora hablo de forma totalmente egoísta. Estoy cansada de oír a esa parte de ti quejarse y envenenarse de forma muda. No hablas, no me dices nada. Te consumes y la pelotita crece y crece, inundando todo tu ser. Y lo peor, en vez de echarla, te aferras a ella. Porque es lo que conoces, y tienes miedo a dar un paso lejos de ella. Es cansado volver a empezar. Pum – Pum.

Joder, páralo, por favor. NECESITO que lo pares, porque no te hace ni bien a ti ni bien a mí, ni a los que estamos a tu alrededor. Es que aunque me sonrías, aunque me hagas bromas, aunque te dejes hacer, aunque estás conmigo como siempre, sé que no estas como siempre. Porque sufres. Y ya vale. Te va a acabar taladrando, te va a partir en dos. Y no lo puedo permitir. Por favor, por favor... ¡Sólo tú puedes pararlo! Yo voy a estar aquí para ayudarte, pero páralo, maldita sea... páralo. Pum – Pum.

-¿Qué? ¿Sigue jugando con ese osito?
-Pues sí. Cada vez que habla con él se pone muy seria. Seguro que le está contando historias de miedo. O de dragones y princesas.
-Jajaja. Seguro que sí. Estos niños... tan lejos de los dramas humanos.
-¿Verdad? Qué pena que tengamos que crecer, éramos tan felices e inocentes...

Etiquetas: ,

lunes, agosto 13, 2007

Conciencia

- Y entonces...¿qué?
- Eh, a mi no me preguntes, sólo soy tu conciencia...
-¿No se supone que las conciencias ayudan a la gente?
-Pff...Ya ves, para el caso que me has hecho siempre...Además, creo que te confundes con los ángeles de la guarda. Esos sí que tienen curro, los pobres. Aunque el tuyo tampoco está por aquí, según veo... No tienes muchos amigos, ¿verdad?
-Oye, ¿quieres dejar de meterte conmigo?
-¿Por qué? Es divertido.
-Ya, me supongo. “Metámonos con el pequeño Paul, que no tiene amigos”.
-Bah, no seas así. Encima que me digno a aparecer ante ti...
-Ahh, te dignas. Perdóneme la señora, si la he interrumpido en algo.
-¿Sabes por qué no tienes amigos? Porque no tienes sentido del humor.
-Oh, perdona por hacerte perder el tiempo con el ser del que eres la conciencia. Si supiera cómo, enviaría una queja a tus superiores.
-¿Superiores? No me seas idiota...
-Eh, ¡no te rías! ¡No te rías así! ¡EH!
-Es que... Superiores... Ayy...
-¿Qué?
-¿Acaso no comprendes que no hay más superior que tú? ¿En serio eres tan tonto?
-Eso no puede ser.
-Vaya. ¿Y por qué no?
-Porque si yo mandase en ti, no serías tan indisciplinada.
-He dicho que eres mi superior, no que mandes en mí. Además, es culpa tuya que sea así.
-¿Cómo?
-¿Qué pasa cuando a un niño nunca se le hace caso? Que cuando es mayor y se quiere “mandar” sobre él, no te obedecerá. Si tu me hubieses hecho caso cuando te aconsejaba pues...
-¿Pues qué?
-Pues que ahora te tendría algo más de respeto. Pero en fin. Y volviendo a tu problema...
-¿Problema...? Ah, sí... Eso que te he dicho que me tenías que resolver.
-Deja de mirarme así. La verdad es que no sé qué quieres que haga.
-¡Que me des una solución, joder!
-Hum... No sé, ¿hasta que punto está bien esto para ti?
-¿Eh?
-... Que hasta que punto es lícito hacer esto para ti, que hasta dónde te ves capaz de llegar.
-No lo sé...
-¿Ya sabes algo? Bueno, mientras te decides, imagino que intentar curarle esos tres agujeros de bala que le has hecho estaría bien.
-Ya. ¿Y después?
- En fin... Supongo que lo habitual sería llevarla a casa y darle algo de comer.

Etiquetas:

sábado, julio 07, 2007

La niña invisible I

Una vez, existió una niña invisible. Bueno, en realidad si que era visible. Bastamte. Quizá demasiado. Era alta, más que lo que el resto suele ser. Tampoco era ya muy niña. Pero nadie parecía advertir que estaba ahí, así como nadie parecía haber notado que habia crecido. No se sabe si era por culpa de la niña o de los que miraban sin ver, pero el caso era que nadie parecía verla.
Con el paso de los años la niña (que ya no lo era) se acostumbró a vivir así, sin ser vista. Vagaba por su casa como un alma por un cementerio: de forma delicada y etéra, casi sin mediar palabra con otro ser. Pasaba horas en su habitación, leyendo libros escritos es primera persona, para sentir lo que era ser vista, lo que era hacer cosas.
La cosa no mejoraba cuando salía a la calle: Sola entre un montón de gente, sólo era una más. Entraba a tiendas, compraba cosas. Daba el dinero y se volvía a su casa, para seguir viviendo una vida invisible que nadie parecía advertir.
Un día, decidió que iba a acabar con su vida invisible. Llenó la bañera hasta arriba de agua caliente y se metió en ella. Cojió la cuchilla y la miró. Le dieron tentaciones de que su sangre invisible se mezclara con el agua que, pese a ser transparente, era más visible y tangible que ella. Sin embargo, pronto desechó la idea. Tenía que hacer otra cosa para ser vista y acabar con su infantil vida invisible. No sabía el qué, pero dejar correr su sangre por las tuberías no le hacía especial ilusión.
Y hasta aquí, la primera parte

Etiquetas:

sábado, mayo 19, 2007

Una noche

Le oía respirar. Suspiraba, expiraba... Su pecho subía y bajaba tranquilo, mientras me retenía entre los brazos. No sabía si estaba dormido o no, aunque supongo que queria que lo estuviera; recordando todo lo vivido aquella noche... Me ruboricé, sonriendo culpable. De todas formas, allí, con él, en su cama... Me sentía bien, me sentía segura, aunque el corazón me latiera rápido, de una forma casi vertiginosa. Suspiró levemente; me estrecho un poco más entre sus brazos y me atrajo hacia él y tras eso, relajada, cerré los ojos y me dormí en su regazo.
---------------------------------
La oía respirar. Parecía algo nerviosa, su respiración no estaba del todo constante, se estremecía un poco cada vez que inspiraba. La tenía ahí, entre mis brazos. La fragancia de su pelo inundaba todo lo cercano a mí, aunque en esa noche nuestros olores se habían mezclado; como recordatorio de lo que habíamos hecho nosotros. Sonreí. Mi corazón empezó a latir. Suspiré, tratando de tranquilizarme. La abracé más fuerte, estrujándola, acercándola hacia mí. En ese momento empezó a relajarse y cuando se durmió en mi regazo, yo me dormí con ella.
Para los relatos utilizaré el gris a partir de ahora ^_^, espero que os haya gustado!!

Etiquetas:

lunes, febrero 19, 2007

No sé

-No sé cómo las cosas pueden retorcerse hasta extremos inimaginables, no sé a dónde llevan los caminos y no sé por qué las lágrimas que no se derraman pesan tanto.
-No sé cómo vuelan los aviones, no sé a dónde vamos al morir y no sé por qué soñamos con cosas que nos hacen sufrir.
-No sé cómo hay gente que es capaz de sonreír cuando se les parte el alma, no sé a dónde van las cosas que nunca llegan y no sé por qué los sentimientos atan más que las cadenas.
-No sé cómo se puede aplastar los anhelos de otro sin nigún remordimiento, no sé a dónde se llevan los botones que perdemos y no sé por qué queremos huir siempre que podemos.
-No sé cómo se puede amar y no ser correspondido, no sé a dónde vamos cuando no tenemos a dónde ir y no sé por qué tenermos que sonreír siempre.
-No sé cómo se puede recordar cosas que nunca pasaron, no sé a dónde hay que ir para gritar sin ser mirado y no sé por qué todo es blanco o negro, cuando existe el gris.
-No sé cómo ni a dónde ni por qué. No sé, simplemente no sé.

Etiquetas: ,

martes, febrero 06, 2007

Lobos


Tendría ocho o diez años. Una mañana, quizá a sobre las 5 o 6 de la madrugada, cuando Lorenzo comienza a despertar, me desperté yo. Estaba en mi pueblo, un pueblo perdido en el monte, cercano a Medina de Pomar. No sé por qué, fuí al balcón de la cocina, aún medio dormida, con el pijama puesto y en calcetines. Hacía frío, pero no volví a por una bata, seguí mirando entre la bruma, sin saber muy bien qué buscaba.
Entonces los ví. Eran unos diez o doce lobos, de color pardo y gris la mayoría. Íncreible, recuerdo que pensé. Ninguno advirtió mi presencia, salvo uno algo más corpulento que los demás, de color casi blanco. Giró su cabeza hacia mi balcón, y puedo jurar que me atravesó con la mirada. Una parte de mí quería retroceder, pero conseguí dominarme, anclada a la barandilla de hierro verde de mi balcón, y seguí mirando. Cuando dejó de clavar los ojos en mí, él y los suyos desaparecieron en la bruma. Algo hizo clack en mi interior, solté la barandilla congelada y me metí de nuevo en la cama, con la cabeza revuelta.
No recuerdo lo que hice hasta el día siguiente por la tarde, cuando les dije a mis abuelos que quería ir a dar un paseo. Con la condición de que no me alejase de la casa, me dejaron marchar sola. No les hice caso; crucé la carretera, subí por el pedregoso camino y me metí entre las ruinas de la vieja escuela, reino de telarañas, murciélagos y enredaderas. Es un lugar escalofriante que adoro, aún ahora.
Tras dar un par de vueltas, me senté en el suelo, escuchando la naturaleza a mi alrededor. Entonces algo salió detrás de mí. Me giré, despacio, esperando ver a una ardilla, o con suerte a un asustado corzo. Tuve que ahogar un grito. Allí estaban, los lobos del día anterior, con el blanco a la cabeza. Me agaché, me pusé como pude en la postura de sumisión que ponen perros y lobos ante un rival más fuerte que ellos y esperé a que o bien se marcharan o bien saltasen a mi cuello.
De repente la tensión se rompió con un grito de mujer: Era mi abuela, que me llamaba en el pueblo. Parecía angustiada. No pude evitarlo y miré hacia dónde debía estar. Cuando giré la cabeza de nuevo hacia la manada, el gran lobo blanco estaba frente a mí, con sus ojos azul pálido clavados en los míos. Cuando pensé que me iba a atacar, se dió la vuelta y a los pocos pasos me miró, espectante.
No sé por qué, en vez de correr hacia mi abuela, me levanté y le seguí. Cuando hice eso, todos se pusieron en marcha. Echaron a correr, parandose otra vez, para ver si los seguía. Los seguí. Imágenes de caza, de carne cruda, de hablar sin mover los labios, de entendernos sin palabras, de años en la espesura del bosque vienen a mí. El pelo me creció, los ojos se acostumbraron a ver entre sombras, el paladar se regodeaba con el sabor de la sangre caliente de los animales que cazábamos. Los aullidos de mi manada se oían cada noche, como una interminable fiesta de cantos.
Un día, volvimos a pasar cerca de mi pueblo. Y allí los ví: Una pareja de ancianos estaban sentados, mirando al horizonte, mirando como Helios se ocultaba entre los montes. Y entonces sentí una punzada de nostalgia, una punzada que el alpha sintió en mí. Con un gruñido corto se alejó de mí. Iba a seguirle de nuevo, pero cuando lo hice enseñó sus dientes y me miró con una fiereza que jamás había mostrado.
Llorando, aparecí entre los arbustos y llamé a mis abuelos. Después de tantos años sin hablar, aquello parecía más un lamento de un animal que el habla de un humano. Cuando me vieron vinieron hacia mí, me abrazaron, me besaron y entre lágrimas me dijeron que jamás habían perdido la esperanza. Lloré. Lo que no sé es por qué. ¿Por reencontrarme con mi familia o por perder a mi manada?
Bueno, espero que os haya gustado. En realidad es un sueño que tuve a la edad de ocho o diez años, antes de conocer Hombre Lobo como juego de rol, y creo que incluso antes de ver la Princesa Mononoke. Lo curioso es, que ya se me ha repetido más de una vez, hace muy poco de nuevo :P

Etiquetas:

sábado, noviembre 18, 2006

...

-Joder, debes estar aburrido de mí.
-Sabes que no.
-Esque me jode...
-¿El qué?
-El estar llorandote todos los putos días.
-No me estás llorando todos los putos días.
-Porque no nos vemos. Si estuviese aquí todos los días de la semana ibas a estar bañado de lágrimas.
-Pero que dices...
-Desde que te conozco lo único que hago es ir a llorarte con mis putos problemas.
-Mira que eres pesadita a veces.
-¿Lo ves? Lo único qué sé hacer es arruinarme la vida y amargársela a los demás.
-No me refería a eso. Te pones pesada cuando dices que eres una pesada.
-...Me molesta ser débil.
-No eres débil.
-¡Ja! Gracias, pero sabes que sí. Si no, ¿por qué venir corriendo hasta tu puerta, levantarte a las tantas y llorarte por cualquier tontería?
-Hombre, no es una tontería...
-Bueno, igual esta vez no. Pero, ¿y las demás?
-¿Crees que me importa?
-¿Eh..?
-Realmente me ha encantado que hayas venido esta noche. Que yo haya sido el primero en enterarme de esto.
-...Es que, si no eras tú... No sé a quién iba a recurrir. No sé que hacer. ¿ves como soy una debilucha idiota?
-No es verdad, venga, va, no llores. Lo primero que haremos será ir a tu piso y enterrar el cuerpo.

Etiquetas:

sábado, julio 01, 2006

Liza, Parte I

Me llamo Liza. No es mi nombre real, no es el nombre que me pusieron mis padres. Pero ése no lo diré. Es como mi apellido, ya no tienen sentido, y son sólo partes de mi memoria. Soy Liza, y con eso vale.
Viví toda mi infancia en un pueblo pequeño y mugroso, que tuvo la mala suerte de estar en medio de trifulcas continuas. Incluso teníamos una guerrilla que decía salvaguardar nuestros intereses. Mentiras, todo mentiras. Toda la familia estaba de acuerdo en eso, o al menos eso creían los mayores. Papá, mamá, el tío, los abuelos...Hasta que mi primo entró a formar parte de ellos. Le gritaron y amenazaron, mi tío le pegó una paliza. Recuerdo muy bien ese día... no fue hace tanto tiempo. Tan sólo unos nueve años. Yo debería haber estado en mi camastro, durmiendo. Pero no podía. En medio de una ensoñación que debía haberme llevado hasta el maravilloso mundo onírico que me permitía escapar de la realidad alguien gritó. Era mi madre, llorando. Después de otro grito, esta vez de mi tío, me desperté del todo. No entendí lo que dijo, pero sí aprecié el tono. Bajé de mi cama y me dirigí hacia dónde estaba toda mi familia. Todos en un semicírculo, rodeando a mi primo, en la asquerosa cocina que mi madre trataba de mantener limpia todos los días. Ví la cara de mi primo. Tenía mal aspecto, sin embargo, irradiaba convicción, pena y odio a partes iguales. Lloraba. Mi tío volvió a gritar, aunque esta vez sí entendí lo que decía. ¡Eres la vergüenza de la familia! Somos pobres, pero honrados, y esos cerdos que dicen que luchan por nosotros tan sólo te toman el pelo, imbécil. Se quedan con lo que rapiñan, raptan niños y violan mujeres. ¿Eso es lo que te hemos enseñado? ¿Eh, desgraciado?. Tras eso, le dio un bofetón. Le rompió el labio. Sangre y lágrimas se mezclaron, pero aquella mirada de fiereza no desapareció. Ya le había pegado antes, las magulladuras de sus brazos y el ojo que comenzaba a amoratarse lo aseguraban.
Limpiándose como pudo, apartó a mi tío, aunque sin tocarle y sin mediar palabra se fue. Inevitablemente, para poder salir, pasó por mi lado y todos me miraron. Sentí algo de miedo, por lo que me pudieran decir, pero era mi primo el protagonista aquél día, no yo. Al pasar, me tocó la cabeza y me miró. Tenía el rostro compungido y lloroso, ya no había esa mirada en su cara; me sonrió. Supe que no le volvería a ver más.
Pasaron un par de años, entre la rutina habitual. Hasta que un día, próximo a mi catorceavo cumpleaños, apareció un tal Joe. Era un hombre alto, rubio y bastante atractivo. Buscaba gente, familias, a poder ser, que se quisieran someter a unos cambios. Eran implantaciones de nuevas armas, implantes cibernéticos, aún prototipos en su mayoría, que según él, habían dado muy buenos resultados en monos y demás primates, y que no supondrían casi ningún peligro. Pagaba bien, además. Mi madre y mi abuelo se opusieron, pero mi padre y mi tío decidieron participar. A mí se me dio a elegir y acabé participando. Al final, toda mi familia fue trasladada lejos del pueblucho dónde nací.
Nos llevaron a una especie de caja enorme... Era una cúpula gigante, distribuida en distintos sectores, con un laboratorio grandísimo y doce más, mucho más pequeños. Allí había otras familias también. Allí conocí a Sally y a Peter. Sally tenía dos años más que yo, y Peter tres. Eran hermanos, muy altos y delgados. Pelirrojos los dos. Sally era la ayudante personal de Joe. Se encargaba de atender a los “invitados” y básicamente de ver cómo evolucionaban con los implantes. Su hermano Peter, era aprendiz de tecnomédico, y por aquél entonces realizaba pequeñas curas y reparaciones menores.
Así le conocí yo, cuándo me torcí el tobillo con uno de los pseudoárboles del jardín principal. Recuerdo que yo no pedí ayuda, ni lloré. Habiendo estado toda mi vida jugando entre balazos, aquello era poca cosa. Me arrastré como pude hasta el caserón que se había dispuesto para mi familia, cuando alguien me agarró del hombro.
-¿Estás bien?
Era él. Sin saber muy bien porqué, enrojecí y bajé la cabeza.
-S-Sí. S-Sólo me he caído. Nada más.
Me di la vuelta, deseando poder salir corriendo, pero entre la cojera y la mano apoyada en mi hombro ni pude ni quise hacerlo.
-Hum...Déjame ver eso.
-¿Eh? N-No, en serio, que estoy b...Auch! ¿Pero que haces?
-Jeje, tranquila, que soy estudiante de tecnomedicina. Y por cierto, si estuvieses bien, esa caricia que te acabo de hacer no te hubiera dolido nada.
-...Perdón.
-¿Por qué?
-Bueno, solo somos la familia del Sector 5-XT9.
-¿Y qué? Hum, creo que lo tienes roto.
-¿Ah, sí? Bueno, pues que habrá familias más importantes aquí.
Al decirle eso, se quedó callado, y me miró directamente a los ojos, traspasándome con su mirada azul. Tras unos instantes, sonrió.
-Aquí no hay familias más importantes que otras. Estate tranquila. ¿Cuánto pesas?
-¿Eh...? No lo sé...
-Bueno, no parece que demasiado.
En ese momento me cogió en brazos, y dando la espalda a la tercera casa del Sector 5-XT-9 me llevó hasta un blanco laboratorio que nunca antes había pisado, ya que sólo el personal autorizado (tal y como rezaba un cartel en la puerta) podía entrar.
Y hasta aquí la primera parte del transfondo de Liza ^_^

Etiquetas:

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.5 License.